Me levanto a las 6, no por el sueño sino por el frío. Me baño, no rápido. Lo siento. Si, gasto agua.
Salgo a las 7.30 se me pasa una micro (puta la weá). Viene mi segunda opción y no la pienso, tomo esa micro que me hace retroceder en el camino pero que tarde o temprano me permitirá llegar igual a mi clase.
Llego a la U. Subo y bajo escaleras. Abro puertas, me siento.
Estoy cansada, cansada de la responsabilidad y de mi flojera, cansada de mi alegría y mi pena, cansada de que haga frío y yo tenga calor.
almuerzo y quedo con hambre.
me duele la muela y estornudo.
como lo que no debería comer, disfruto mucho y luego me arrepiento de hacerme daño a mi misma. Me duele el estómago.
Puta la weá.
Es tarde, es de noche... hace calor y yo tengo frío. Quiero hablar contigo y no estás. Estoy triste y tú juras que estoy feliz.
Sólo me queda decir: Puta la weá.
