Este es el primer capitulo de una de las historias q escribi cuando aun tenia tiempo... ahora k mi computador murio y con el todas mis historias q no estaban respaldadas... ahora presento una de ellas creo q la ultima....
se llama: Sólo existo... para ser
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Un día de otoño se encontraba Jerónimo paseando por el Parque Forestal. La escena era realmente bella: hojas marrones esparcidas por la tierra, cierta luz que caía desde las ramas de los árboles... todo era perfecto salvo por un detalle... estaba solo, más solo que nunca.
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Jerónimo, joven de 18 años. Huérfano de madre y padre desaparecido y con destino inconcluso. Hermanos: no, no tenía hermanos; siempre había sido hijo único y por lo mismo muy apegado y dedicado a su madre con una parálisis parcial de la cintura hasta la punta de los dedos de sus pies, debido a un avanzado cáncer medular.
En el colegio él era muy querido por sus compañeros y profesores, no porque fuera mateo ( que lo era) sino por su forma de ser, siempre preocupado por los demás sin importar la edad ni el sexo... y menos su condición social. Este rasgo era el más preponderante en él y lo llevó a destacar en los premios que el colegio otorgaba cada año en la graduación de los cuartos medios, ganando no tan sólo el premio de mejor compañero sino el de mejor alumno de su promoción, además de una beca otorgada por el ministerio para la carrera que él quisiera estudiar... que en el caso sería medicina.
Durante dos años se preparó para dar el primer gran paso de su vida, como él mismo decía, dar la PSU y ojalá ser puntaje nacional para ayudar a su madre y descubrir un método para curarla, además de alivianar gastos en la casa que ya eran altos debido a los cuidados que debía tener con su madre. Para esto Jerónimo trabajaba de lunes a jueves en diversos hospitales trasladando enfermos y a la vez acompañándolos... todos los días después del colegio. De vez en cuando convencía a un par de amigos para que lo acompañaran los fines de semana a visitar a los niños del hospital oncológico, donde niños con cáncer que con su sola sonrisa hacían revivir y aún refulgir en Jerónimo los deseos de estudiar medicina.
Novia... no, el tampoco tuvo ni tiene novia. No porque sea feo o desagradable para el sexo opuesto, la razón era que él se dedicaba a todo y a todos... no podía dedicar todo su tiempo a una sola persona y dejar a los demás. Era una necesidad propia de su ser.
A mediados de Noviembre recibió una noticia que no esperaba. Eran cerca de las 1:30 de las tarde, horario de colación en el casino del colegio, cuando por micrófono lo llaman para que se acerque a inspectoría. Una noticia fatal deshace su rostro. La muerte yace en la habitación de su madre. Estaba acompañada, como de costumbre, por su sobrina... Liliana que siempre la cuidaba hasta que llegaba Jerónimo a su casa. Se fue en el sueño. Después del almuerzo. Estaba solo.
Los funerales se efectuaron dos días después de la tragedia. El cajón fue un detalle que su madre ya había estimado y sin saber Jerónimo, élla tenía todo preparado para su deceso. Todo fue rápido y conmovedor para todos los que asistieron, a pesar de la tristeza que sentía... Jerónimo no lloraba, tan sólo la recordaba.
Cuando todos se fueron y él quiso quedarse a solas con su madre ya bajo la tierra de aquel parque repleto de flores y remolinos, pudo soltar el llanto.
- Mamá, ¿Por qué si sabías que esto sucedería no me dijiste nada?... ¿Por qué decidiste sufrir sola?
¡¿Por qué?!- dijo frente a la tumba de su madre.
- Porque quería que tu fueses feliz hasta el día en que Dios decidiese llevarme con él – dijo repentinamente una voz dentro de su corazón. Era su madre.
- ¿Mamá?, ¿ Eres tú mamá?- preguntó mirando hacía todos lados, como buscando algo.
- Si hijo. ¿Recuerdas lo que un día hablamos?, que cuando quisieras saber algo sólo debías preguntar y la respuesta estaría en tu corazón?... lo recuerdas?
- ....Sí...- dijo perplejo por la emoción.
- Bueno este es el primero de los tantos momentos en que recibirás mi respuesta... que está directamente en tu corazón. Hijo te amo. Siempre te he amado y lo seguiré haciendo desde aquí. Pero recuerda una cosa muy importante que también te dije cuando eras más pequeño: “yo vivo en tu corazón y el corazón no olvida”... Te amo hijo y contigo estaré siempre cuando me necesites.
- Mamá...- no pudo contener las lágrimas que a la vez se alojaban en su garganta y hacían quebrar su voz.
- Jerónimo, no te preocupes por mí. Estoy bien, estoy feliz.... te amo...- y la voz no se oyó más.
- Ma..mamá...yo también te amo...- dijo tocando su pecho con todas sus fuerzas.
El episodio del parque siempre estría presente en su vida, incluso el día tan anhelado para él. Día 19 de Diciembre... listo y preparado. Dio la prueba de matemáticas y la de biología en la tarde. Al día siguiente la de lenguaje e historia... quiso darlas todas pues era una promesa que se había hecho a sí mismo y a su mamá.
Durante los exámenes no estuvo nervioso, estuvo siempre conectado con su corazón “todas las respuestas estarán allí” le había dicho su madre.
El día de los resultados se juntó con dos de sus mejores amigos a revisar. En resumen, todas las pruebas arriba de 650 y la mejor 800 ponderados en la prueba de biología y específica de química. Todo era luz en él. Su felicidad lo llevó a un estado de letargo profundo y fue al parque a conversar con su madre. Le contó las noticias y sobre su felicidad.
Salió en diarios, quisieron hacerle entrevistas... recibió una beca por la totalidad de su carrera... Sin duda había cumplido.
Llegado Marzo entró a la universidad... siempre tildado como el becado por ser puntaje nacional, pero muy pronto fue conocido no por eso, sino por su calidad humana.
Por motivos dudosos esta joven promesa de la medicina contemporánea perdió su rumbo y decidió congelar... y a la vez congelarse él mismo. Comenzaba el período otoñal y decidió viajar al sur de Chile diciendo a sus amigos que iría de vacaciones nada más a conocer el sur.
Nunca más volvió, hasta el otoño del siguiente año. Apareció con una incipiente barba y con un bolso a cuestas, lleno de papeles escritos por él. Cuando llegó a casa todo estaba tal cual lo había dejado. En el sur había estado viviendo en un hogar de Cristo y antes de eso había estado un par de noche durmiendo en las caletas con los demás niños de la calle.
Ahora volvía con nuevas impresiones del mundo actual y nuevas ideas para concretar... una de esas ideas era retomar los estudios y además comenzar una nueva etapa en su vida...
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Un día de otoño se encontraba Jerónimo paseando por el Parque Forestal. La escena era realmente bella: hojas marrones esparcidas por la tierra, cierta luz que caía desde las ramas de los árboles... todo era perfecto salvo por un detalle... estaba solo, más solo que nunca...
Una chica de oscuro cabello lo paró en seco mientras él se alistaba para sentarse en una de las bancas.
- Oye!!!, que te pasa!!!... acaso no te das cuenta que estoy durmiendo?- dijo la chica algo molesta. ={}
- Aps... perdón es que no te ví – dijo algo sorprendido.=O
- Que acaso eres ciego?- dijo en un cierto tono irónico.=S
- No, eso todavía no. Es que iba ciego por los pensamientos.- dijo sin saber porque lo decía.=O
- ... uhmm, profundo el comentario – dijo enderezándose poco a poco de su posición – que pasa por tu mente ser pensante?
- ... Ser pensante? Jamás lo había pensado...
- jajaja – rompió en risa la chica.
- Verás mi vida ha tenido muchos giros últimamente....- y comenzó narrarle la historia de su vida. La chica no tenía apuros así que lo escuchó complacida por poder escuchar a alguien con una voz diferentes a la suya.
Así fue como Bianca y Jerónimo se conocieron, en la banca de una plaza del parque forestal, una tarde de otoño en que ambos creían estar absolutamente solos, instantes antes de encontrarse sus destinos.
- Oye!! Espera!!- gritó una voz a lo lejos.
- Qué pasa? – respondí con derrumbe al ver de quien se trataba.
- Que onda loco, ¿Te olvidaste de mi acaso?... somos amigos – dijo con tono de ironía y reproche Manuel... un amigo de mi infancia.
- Ah... Manuel, no te vi – dije aunque lo había visto hace un rato en la calle, pero la verdad era que no quería hablar con él y tener que contarle mis experiencias en el sur durante ese año fuera de todo mundo conocido por el.
- Buena compadre, tanto tiempo sin vernos... – decía mientras con su brazo intentaba hacerme sentir como el viejo amigo que era cuando éramos niños.
- si po... bueno ahora tengo que irme... otro día hablamos – dije mientras cruzaba la calle para tomar el autobús. Fue la única salida posible.
La verdad debo confesar que nunca me ha gustado la gente... bueno cuando era más chico si, pero aún así no me agradaban todos del todo. Siempre habían actitudes que me provocaban ciertos rechazos y que terminaba por tolerar.
Ahora que veo todo desde la perspectiva de un hombre individual, creo que no tengo porque hacerme cargo de los demás, ellos pueden perfectamente hacerse cargo de sí mismos, como lo hice yo durante ese año fuera de todo mundo antes conocido para mi.